Entrenador y Método

Las semanas de un entrenador son especialmente largas; su familia y amigos bien lo saben. Vive las 24 horas del día con el equipo, el método y la táctica revoloteando por su cabeza.

Visualiza y siente de manera inconexa, momentos pasados, partidos, estados de ánimo, con futuros hechos venideros los cuales, en un estado plenipotenciario del juego, cree que influirá de manera significativa.

Pese a que es responsable de muchos aspectos del juego y también sobre la dinámica interna y de evolución del equipo, ni mucho menos tiene el control de todos y cada uno de ellos que influyen o determinan, la vida de los equipos. Desde su evolución como grupo a equipo, pasando por la toma de decisiones propias y ajenas, terminando por la incidencia que conllevan los resultados, por citar algunos ejemplos representativos. Hay más, muchísimos más.

Creo que todos los entrenadores, cualesquiera que sea la categoría y el nivel en el que entrenan, sienten, se ilusionan, celebran, sufren victorias y derrotas por igual. Detrás hay un trabajo elaborado, programado y evaluado para obtener y sacar el mejor rendimiento al equipo y a cada uno de sus integrantes.

Habrá tantos aciertos como errores, que se retroalimentaran en busca de un éxito que se dilate en el tiempo y una derrota que devuelva a la senda del trabajo y el esfuerzo a sus protagonistas.

Entre medio de este gran bosque de preguntas y respuestas, de acciones y reacciones, de afirmaciones, ratificaciones, dudas e incertidumbre, el entrenador debe tener claros sus objetivos, independientes y separados, de los objetivos colectivos que se establezcan para el equipo durante y, a la finalización de la temporada.

Para mi uno de los grandes objetivos y que debería ser denominador común entre los entrenadores, tiene que ver con uno de los aspectos que citaba la semana pasada, en la entrada “Latidos de un Corazón de Baloncesto” http://wp.me/p2FIzY-2M

Y no es otro que, al  igual que le pedimos al jugador, que entienda el juego, el entrenador debe tener como principal objetivo y FUNDAMENTAL: Entender el juego y saber convivir con él.

Lo primero es importante porque sinó no seremos capaces de formar jugadores con esta premisa básica y de obligado cumplimiento si queremos buscar y estar lo más cerca posible de la belleza del juego.

Lo segundo quizá suene a idea abstracta, pero pretende ser todo lo contrario. Es decir ser consciente en todo momento de lo que sucede, en que punto de su evolución se encuentra el equipo, conocer exactamente cual es ese punto, para, desde allí, crecer física, técnica, táctica y psicológicamente.

Pero no solo eso, saber que el juego, pese a sus normas y pautas no es una ciencia exacta, determinará la capacidad de adaptación a los imprevistos, a todos aquellos aspectos no planificados y que escapan de nuestro control.

  • ¿Cómo seremos capaces de influir y transmitir desde la incertidumbre de lo desconocido?

O por el contrario, nos reafirmará como equipo, descubrirá valores a través del juego y la competición, que influiran positivamente en el estado de ánimo y la autoestima del equipo.

  • ¿Cómo seremos capaces de mantener y potenciar esos valores y perseverar en ellos, hasta convertirlos en seña de identidad del equipo?

En cualquier caso, el trabajo del entrenador no está sujeto a una filosofía predeterminada de juego. Ni tampoco puede descansar en ideas prefijadas antes de empezar el proyecto, porqué las circunstancias son cambiantes y influyen en la vida y evolución del equipo.

¿Qué herramientas tiene el entrenador para transformar a su equipo e influir en él? ¿Cómo va a convencer de cada nuevo (incertidumbre) paso a dar?

Creo que la palabra que responde mejor a las dos preguntas es el Método.

” Donde radicalizas tu trabajo y centras tu rigidez no es tanto en la filosofía sino en el Método que usas para llegar a ello ” (Ricard Casas)

Cuando te decides por un u otro método de trabajo, previamente se ha hecho un análisis completo de la situación de partida. Desde el entorno en el que se encuentra el equipo, los jugadores que lo componen, infraestructura y disponibilidad de recursos, objetivos, expectativas, sistemas de juego, etc.

Sin olvidar que el entrenador debe integrar todos estos elementos a su personalidad, su carácter y su visión del juego. Cada entrenador tendrá su método particular y será diferente al de otro, pese a que los elementos y características que evaluemos, en algunos casos puedan ser muy similares.

Definido el método, éste debe estar sujeto a permanente actualización, debe adaptarse a las situaciones cambiantes que más arriba he mencionado, entender y leer la nueva realidad que se le presenta al equipo y cómo somos capaces de cambiar, cambiando poco.

No se trata de echar a la basura todos los sistemas tácticos que, previamente y después de analizar y ver las características de los jugadores de tu equipo, decidiste que serían los adecuados para competir. Al contrario, en la combinación de estos, su elección en momentos concretos de unos sistemas y no otros, complementados por algunas variantes, veremos el trabajo y la verdadera esencia del entrenador.

Ni tampoco echar las campanas al vuelo si el equipo responde y ejecuta perfectamente éstos, anticipandose a la programación, incluyendo nuevos y más sofisticados sistemas, pensando que el equipo necesita más. En este caso, insisto, la elección de unos, añadir variantes que enriquezcan el juego y por ende complementen al jugador, será síntoma de una buena evolución táctica del equipo.

Esa capacidad global de leer que está pasando alrededor del equipo, como se compite, de que manera podemos cambiar o recuperar un rumbo que parecía perdido, o bien, cómo crecer y evolucionar tácticamente, pensando más en el medio plazo y no quedarse en el momento presente, determinaran unas cualidades muy preciadas en el entrenador.

” El equipo debe estar dispuesto en todo momento a sacrificar lo que es, por lo que puede llegar a ser. El éxito es efímero y el fracaso no es para siempre “

El entrenador debe ser capaz de huir, de los fríos números que marcan los resultados de una competición, la estadística de un partido, las opiniones externas, las nuevas tendencias o modas tácticas, etc.

Tiene que estar en constante evolución, ser un buen observador y hacer análisis lo más objetivos posibles, basandose en los diferentes aspectos en los que él y su equipo de colaboradores y jugadores, puedan incidir y aplicar cierta lógica y sensibilidad a la hora de hacer las cosas.

Entrenador permiteme:

  1. Abre bien los ojos, observa todo a tu alrededor y disfruta de una mentalidad abierta al aprendizaje
  2. Escucha!! a entrenadores y jugadores; escuchate a ti mismo.
  3. Transmite la pasión que sientes por el juego. Te sorprenderás de como tu y tus jugadores fluireis en este viaje.

Cancha de sueños y recuerdos.

Son muchos los recuerdos y alguna que otra historia, de mi paso por Belgrado, la capital de Serbia. Un año después, aproximadamente, también son muchas las rutinas que allí llevaba a cabo y que hoy, aquí, de nuevo en mi ciudad natal, echo de menos.

Un domingo de octubre, como hoy, frio, con baloncesto como principal ocupación es uno de los días que recuerdo con más cariño.

Sonó el despertador muy pronto, poco antes de las 07:00h. Una ducha de agua caliente, para superar el frío de primera hora de la mañana, era uno de los primeros placeres que me regalaba y que a la vez, era capaz de sentir y disfrutar más que nunca y que en ningún otro sitio.

Preparaba el desayuno con suma sutileza. Mientras lo hacía iba poniendo orden al día que tenía por delante. Situaba a cada uno de los jugadores y equipos con los que estaríamos trabajando durante el día.

Una música tranquila, concretamente los podcasts de Delicatessen de Icat Fm, acompañaba todas las mañanas, un suculento desayuno que me diera la energía suficiente para estar al cien por cien, el resto de la mañana, física y mentalmente.

Aquel domingo no era diferente a los demás. Entrenamiento de tecnificación con un grupo de jugadores, de edades diferentes, pero con el mismo objetivo de trabajo, que se cernía sobre uno o dos fundamentos concretos. Finalizado el entrenamiento, teníamos partido con el primer equipo, jugábamos fuera, con una hora de coche por delante. Estaba lejos, así lo sentían jugadores y entrenadores, por ser un domingo por la mañana.

A diferencia de otros días, aquel domingo, librabamos todos hasta  bien entrada la tarde, con entrenamiento del segundo equipo, que jugó el sabado. El desplazamiento condicionaba el plan de trabajo y aconsejaba un poco de descanso, después de comer. Esto era una excepción a lo dispuesto todas las semanas; allí no descansábamos ni un solo dia, de lunes a domingo y los fines de semana, se encabían entrenamientos a los partidos que hubiera asignados.

Con esa perspectiva, tenía claro que aquella tarde me la pasaría leyendo, quería romper por unas horas con el baloncesto, es más, me apetecía hacerlo. Sólo de pensarlo, el entrenamiento de la tarde, ya tenía otro sabor, tenía otra imagen en mi cabeza.

Llegaba a casa, era tarde, pasaban las 15h. Me puse cómodo, esperaba una larga tarde que había que aprovechar. El calor del piso contrastaba con el frío de todas mis extremidades, era una sensación cambiante, un pequeño dolor vestido de placer, un leve sufrimiento más que bienvenido.

Me disponía a preparar la comida cuando… el bote del balón se hacía sentir en mi cabeza, de nuevo.

Todo estaba tranquilo, no empezaba a hervir el agua, el ordenador seguía apagado, en la calle no se oía ningún coche, todo el mundo debía estar en sus casas resguardandose del frío y compartiendo la sobremesa, con cuatro, cinco, quien sabe si más miembros de la familia. Allí el nucleo familiar es muy importante y las reuniones entorno a una mesa, no se hacen de esperar en fin de semana.

Me permití el lujo de sobrevivir sin Tv todo este tiempo en mi piso de Belgrado. Entonces? De donde procedía ese bote del balón?

No era mi cabeza, ni una obsesión, no era el contraste térmico que había afectado mis sentidos.

Pronto me ubiqué, recordé que estaba en una ciudad, un país, que el baloncesto, roza la categoría de religión, sus adeptos son muchos y la pasión por el deporte de la canasta, desbordada en cada rincón.

Entre bloque y bloque, de viviendas que tocaban el cielo, una cancha de baloncesto, ocupaba su espacio, para unir un grupo de niños, de cada uno de los bloques, de institutos diferentes, que rivalizaban en su otra liga. Esa que se juega sin un árbitro de por medio, esa en la que las consignas tácticas del entrenador, brillan por su ausencia, junto a él.

En esa liga solo se destila esencia, raza… Fundamentos.

No era una excepción. En el bloque de pisos en el que estaba, detrás contaba con una cancha de baloncesto. Ese bote venía de allí.

Seguí con lo mío, avanzaba en la preparación de la comida, cuando de repente me extrañé. Solo oía ese bote del balón. No había apenas pausas, mantenía una cadencia constante, era un bote duro y seguro; ahí detrás no se estaba jugando un partido. En esa cancha no había partido de la “otra” liga.

Mi curiosidad iba en aumento y mi extrañeza la superaba. Solo se oía el bote del balón. Echaba de menos el metálico y pesado estruendo del aro y el tablero ante el lanzamiento a canasta; más cuando se trataba de una canasta de la calle.

Como era posible? Ese chico no lanza a canasta?

Bajé el fuego, dejé la comida a un lado, no podía resistir más, la curiosidad me vencía. Me acerqué a la ventana, allí estaba el niño, con su balón. Nadie más le acompañaba, ni amigos alrededor o simplemente niños paseando por los aledaños de esa cancha.

Mayúscula fue mi sorpresa, cuando vi que era un niño de nuestro club. Tenía 12 años, recien cumplidos. Me pregunté si viviría por allí. Me pregunté porqué estaba solo. Como era posible que ese niño siguiera con un balón en las manos, cuando de lunes a domingo no descansa, siempre tiene una sesión de entrenamiento mínimo, cual día dos.

“El sabado entrenó por la mañana, jugó su partido por la tarde. Esta mañana ha entrenado a primera hora!!” – me dije.

Estuve observandole hipnotizado, largo tiempo, el suficiente para olvidarme de todo, del fuego y la comida también.

Dušan seguía botando el balón y bajo ningún concepto lanzaba a canasta. Me parecía más que sorprendente. Porque era un niño, porque le gustaba tirar a canasta, porque lo hacía muy bien, tenía un talento fuera de lo común, para su edad. Porqué llevaría casi una hora haciendolo, sin parar.

No pude evitar la tentación. Después de observarle un buen rato y extrañado por su obsesión con el bote, bajé con él. Tenía que preguntarle porqué estaba haciendo lo que estaba haciendo.

Tuvo una gran alegría al verme. Era un niño muy cariñoso, tenía una mirada brillante, que te penetraba. Esa mirada la he visto pocas veces a nadie, ni a los niños de su edad. Esa mirada describe muchas cosas y habla por él; incluso me atrevo a decir, que va muy por delante y detalla con exactitud los acontecimientos que le estan por venir y las experiencias que le tocaran vivir.

Al preguntarle porque solo botaba el balón y no lanzaba a canasta:

“Tengo que mejorar mi bote” – me contesto Dušan.

Le pregunté porqué en ese momento, era pronto, no eran ni las 17h de la tarde, porqué estaba solo.

Solo tenía una contestación:

“Tengo que mejorar mi bote” – repetía. Me ayudas? – siguió.

En ese mismo instante comprendí que ese niño se estaba entrenando duro y que sobraban las preguntas. Estaba haciendo lo que más le gusta en este mundo, no hacía falta hablar, ni era momento de respuestas banales.

Esa tarde entrenamos juntos, estuve con el casi un par de horas más. Hicimos diferentes ejercicios, tampoco hacían falta demasiados. Tienen grabado a fuego que hay que repetir las cosas miles de veces para adquirirlas y automatizarlas. Y eso hizimos.

Aquella tarde de descanso se difuminó entre el frio, las hojas secas de los árboles, cierta neblina y humedad y ese bote de balón.

Era hora de volver a la práctica de equipo.

Cuando supo haber terminado su entrenamiento, antes de despedirse se dirigió a mi y me dijo:

“Todos me dicen que soy muy bueno, que tiro muy bien a canasta, que puedo jugar con mayores de mi edad pero yo no lo creo asi”.

“Pero en cada partido me presionan y siempre pierdo algunos balones cuando quiero irme en bote”

“Tengo que trabajar mi dribling, sinó solo sere un buen tirador serbio y jugaré en mi país, pero yo quiero ser el mejor jugador que pueda llegar a ser, viajar y jugar en la mejor liga del mundo. Para ello debo saber usar bien mi dribling”.

Dušan solo tiene doce años. Y aunque parezca lo contrario, es el niño más humilde que he conocido nunca. Y un jugador generoso y preocupado por sus compañeros de equipo.

Cuando me dirigía al entrenamiento de equipo, en mi cabeza sólo un sonido, el bote del balón. Sólo una imagen, la mirada de un futuro campeón.

Hoy, un frío domingo de octubre, el recuerdo persiste y sigue muy vivo:

El corazón de Dušan y su gran pasión: el Baloncesto.

Latidos de un Corazón de Baloncesto

A medida que transcurren los años, afrontas nuevos retos y decides ponerte al frente de un equipo, de baloncesto en mi caso y, encarar una nueva temporada, la conclusión y denominador común, en cada inicio, después de unos cuantos entrenamientos, es que los jugadores no entienden el juego, en su mayoria, ni tampoco se preparan para poder entenderlo.

Con eso no quiero decir que no sepan jugar ni competir, no es incompatible. Simplemente quiero constatar que la mayoria de ellos, juegan por automatismos, con conceptos de valor absoluto, que cada entrenador con su estilo de enseñanza, método y personalidad ha ido transmitiendo al jugador a lo largo de su trayectoria.

Muchos de nosotros habremos pronunciado y/o escuchado que “estos jugadores parecen robots”, este o aquel equipo “solo puede jugar con sistemas cerrados” o a tal jugador “no le pidas más de… o no lo saques de esa posición”.

No comparto estas expresiones, me rebelo ante el estaticismo que rebelan y generan en el juego estas mentalidades y muestro mi inconformismo ante la actitud del jugador que llega anestesiado y con la percepción, ¿ su percepción?,  muy clara de cuales son sus límites en la participación de este juego.

Muchos son los aspectos a tener en cuenta, empezando por el proceso de formación del jugador, su desarrollo físico, cognitivo, psicológico, técnico y táctico, su entorno afectivo, sus motivaciones, etc…y así ver año a año el crecimiento de cada jugador. Pero no quiero centrarme, ni en las etapas formativas, ni en las edades y objetivos acorde a ellas, ni hablar de tipología de clubes ni lógicamente hacerlo de jugadores.

Quiero explicar a qué me refiero por Entender el Juego y un aspecto global, pero también específico de cada deporte, que es el de Crear Hábitos en el jugador.

Antes de dar mi punto de vista sobre estos dos aspectos, me gustaria señalar algunas frases que el entrenador serbio Svetislav Pesic (ex entrenador de Barcelona, Girona, Valencia en ACB, seleccionador de Serbia y Alemania entre otros) compartió en una entrevista realizada por la revista Gigantes el 11/01/2011.

  • Los entrenadores debemos ayudar a los jugadores y enseñarles cómo han de hacer las cosas esenciales.
  • La mayoria de jugadores jóvenes actuales, debe aprender que el baloncesto no sólo es saber jugar bien, sinó tambien saber entrenar.
  • Hay demasiada preocupación por ganar y ya no se experimenta tanto tácticamente.

¿ Qué entiendo por las “cosas esenciales” ?

Sin caer en el agotamiento del lector y teniendo en cuenta los buenos entrenadores, jóvenes y expertos, que leeran estas líneas, para mi es fundamental para jugar bien a este juego, la capacidad de pasar bien el balón, en su técnica, tensión y dirección y en el aspecto táctico, intencionalidad y tiempo de ejecución.

El uso racional del bote, su ejecución técnica y los espacios que queremos conquistar y gobernar para encontrar o generar ventajas.

Enseñar a conocer y utilizar el cuerpo, para buscar la eficiencia del movimiento, en cualquiera de los aspectos técnicos que queramos hacer referencia, con balón y también sin él.

Y por último, para mi uno de los aspectos más complicados a enseñar, son los espacios. Empezar reconociendo la pista, sus areas de incidencia tanto a nivel ofensivo y defensivo; a ocupar los espacios idoneos en cada momento del juego, en relación a cuatro componentes:

  1. Al balón
  2. A la canasta
  3. Los compañeros de equipo
  4. Los jugadores del equipo contrario

Hay otros muchos aspectos técnico-tácticos a enseñar y que aquí podría enumerar. Pero no es este mi propósito ni objetivo.

Los que he enumerado, son mi debilidad para poder hacer un buen trabajo con cada jugador y el equipo y que contribuyen de forma esencial a desarrollar patrones de movimiento colectivo, en función de lo que está sucediendo en cada momento del juego, a expensas de los sistemas tácticos que cada entrenador quiera utilizar con su equipo. Y con ello tendremos jugadores capaces de entender muchos más aspectos del juego y sus diferentes fases en un partido.

En el segundo punto que he querido señalar de las palabras de Svetislav Pesic, donde el jugador debe aprender a entrenar bien, los hábitos toman especial relevancia.

¿ Qué tipo de hábitos ?

Primero los fundamentales y que nos deben acompañar en cada paso que damos como personas y en este caso como deportistas. Todos aquellos aspectos que ayuden al jugador a estar en disposición para afrontar una buena práctica deportiva, entrenamiento o partido. El cuidado personal de su cuerpo y con ello hábitos saludables de descanso, alimentación y ocio, esenciales en cualquier ámbito en el que nos encontremos.

En segundo lugar todos aquellos hábitos, que cada individuo debe poseer y que sus beneficios se extienden al beneficio del colectivo. Hemos escuchado todos el concepto de educar en valores y que por extensión podemos llevar al campo del entrenamiento. Para mi són hábitos que se traducen en los valores que cada persona va trabajando a lo largo de su vida.

Quiero destacar dos en concreto, significativos para colectivos, equipos de cualquier disciplina deportiva: la confianza y el respeto. Por si solos, términos muy vagos, que resultan vacíos, incluso abstractos.

Confianza en abordar todos aquellos aspectos físicos, técnicos y tácticos, que se planteen en cada práctica, de manera individual y colectiva, donde el jugador pueda expresar sus inquietudes, pueda mostrar sus debilidades para poder aprender, pueda preguntar sin miedo.

Dar confianza y no esperarla; porqué si todos estuvieramos esperando, esperando estariamos toda la vida.

Respeto principalmente a ti mismo, a tus compañeros, a tus adversarios, a los árbitros y sobretodo a los objetivos y retos individuales y colectivos que cada uno se haya fijado.

Para mi esos dos aspectos son la base que se sustenta todo lo relacionado con el equipo. Son la base que cada jugador debe conocer y aceptar para ser parte integrante del equipo de trabajo. Forman el puente que todos necesitamos construir para poder atravesar todo tipo de adversidades y obstáculos que iremos sufriendo a lo largo de nuestras carreras, y en general nuestras vidas.

Quien sabe si desde esa base, esos valores fuertes, derivan en la más preciada forma de relación, que es la amistad. Puede o no salir, en cualquier caso no hay que forzar nada.

Y por último hay un tercer tipo de hábitos. Los que se desarrollan en la cancha, en la práctica, en cada entrenamiento. Desde los más básicos, en relación a preparar y acondicionar el cuerpo, para una práctica intensa hasta los más sofisticados y que tienen que ver con la técnica y la táctica de la disciplina deportiva en cuestión.

Hábito en el gesto técnico para poder realizar una acción concreta y poder aplicarla en el juego real, en competición, donde es importante leer como está reaccionando la defensa. O al revés, hábitos tecnicos defensivos, para anticipar y sorprender al jugador atacante y que ello contribuya a una buena defensa colectiva.

El hábito de encadenar acciones, preparar al jugador para hacer dos, tres acciones de diferente índole, de juego ofensivo y defensivo consecutivas, que ayude al jugador a reconocer  la situación real e imprevisible de partido. Que le ayude a reaccionar y no quedarse quieto, ante la extrañeza y la sensación de no poder estar controlando el ritmo de sus pensamientos a la vez que el de sus acciones.

Y hábitos tácticos del equipo, que el colectivo sepa reaccionar bien en la toma de decisiones en las diferentes situaciones del juego, diferentes, cada vez, que se van a encontrar a lo largo de una temporada. Situaciones de marcador a favor o en contra, últimos segundos, tiros decisivos,etc.

Parece ser que con esta descripción que acabo de hacer, lo tendríamos todo solucionado, pero la respuesta es no.

Esto es mera teoría si no se cree fervientemente en ello y no se pone en práctica día tras día.

Hay que vivirlo y sentirlo, acompañar al jugador en este proceso de aprendizaje tan rico, un aprendizaje que se convierta en un valor añadido de cada uno de los integrantes del equipo. Que cada jugador, libremente, donde decida en cada momento seguir su etapa baloncestística, adquiera y lleve consigo estos hábitos y tenga tal conocimiento del juego, que sean éstas, características que le definan y pueda aportar riqueza tanto a su nuevo equipo como a sus compañeros de manera individual.

Una vez conseguido esto, tan solo habrá que integrar de forma natural estas características, al estilo o sistema táctico que el entrenador decida en cada momento. Creo que esto permitiria ver un mejor baloncesto, en cada estadio de evolución del jugador. Sin prisas, sin quemar etapas y formando jugadores más preparados y completos, preparados para hacer frente cualquier dificultad o procesos de cambios, a que se ven involucrados los jugadores a medida que avanza su carrera.

En la vida hay que tomar decisiones y los entrenadores no estamos exentos de ello, al contrario, nos vemos sometidos a tomar decisiones a cada momento y sin casi tiempo para pensar ni reaccionar.

Pero la decisión que si podemos tomar con más sosiego y serenidad es la de como queremos que sea nuestro baloncesto, como queremos hacer las cosas, qué jugadores queremos tener para hacer este baloncesto, qué necesitan aprender estos jugadores para llevar a cabo un proceso de integración bidireccional…

Todos estos aspectos antes detallados, si los podemos decidir, si podemos priorizar el orden y la forma en que iran contribuyendo al proceso evolutivo y formativo del jugador, para aproximarnos al máximo de la visión del baloncesto que queremos; el equipo que queremos formar, el equipo que queremos ser y en el equipo en que queremos convertirnos a cada paso del camino.

Y qué mejor ingrediente que la pasión que nos condimente todo el proceso desde su inicio hasta el resultado final.

La belleza con la que quieras conseguir tus objetivos, la determinas tu Entrenador.

Hay un famoso dicho chino acerca de ir en busca de los bordes exteriores de la belleza:

” Ve a la orilla del lago y mira la niebla levantarse “

¿ A qué esperas ? Ve y construye tu visión, la del equipo, la del baloncesto que quieres sentir en tu corazón y en el de los jugadores; un corazón que late al ritmo del bote del balón.

Carta Abierta a…Ti

Apreciada y querida amiga

Permiteme compartir con mis lectores, esos maravillosos párrafos que me regalaste; sólo eso, porqué ni que quisiera, seria capaz de expresar todo lo que me hiciste sentir, ni con palabras ni sin ellas: un indescriptible torrente de emociones.

El discípulo no es cualquier ser humano. Es alguien que siente el deseo de saber, de conocer lo que no sabe, de encontrar respuestas a sus preguntas. Por eso se acerca al maestro, se sienta a sus pies, quiere que le ayude a pacificar su alma.

Un maestro impuesto no es un maestro. Un discípulo impuesto tampoco puede considerarse un discípulo

Lo leo una y otra vez y no deja de maravillarme. Deja que viaje conmigo allá donde vaya, de esta manera siempre te tendré cerca, a mi lado, esté donde esté.

Solo nosotros dos podemos leer el primer capítulo de esta historia, única e irrepetible y que no será de nadie más, en estos breves párrafos.

Es un verdadero privilegio y un regalo poder llevarlos conmigo; y con ellos pensarte y sentirte y saber que por siempre más, vas a estar cerca, muy cerca.

Te faltaria al respeto si osase rebatir o negar tus palabras. Cuestionaria tu sinceridad, tu agradecimiento, tu amor y tu bondad si lo hiciese. Voy a aceptar ese honor y a la vez responsabilidad.

El baloncesto nos unió en su día y, parece mentira, pero fue la excusa perfecta para conocerte; cuando todo lo demás, en mi vida, es la excusa perfecta para estar cerca y hacer baloncesto. Incluso en este aspecto has tenido la capacidad de cambiar el signo habitual de mi realidad. Habla muy mucho de la gran talla humana que posees. Solo puedo darte las Gracias, una vez más.

Esa niña que conocí se ha hecho mayor a una velocidad vertiginosa; me siento orgulloso de en quien te has convertido a dia de hoy.

Luchaste en su día, para dar ese primer paso necesario para emprender nuevo rumbo. Tuviste la valentía de pedir ayuda y la capacidad de escuchar y aprender todo aquello que se te presentaba delante de tus ojos. Como buena discípula encontraste respuestas a todas esas preguntas que distorsionaban tu mente inquieta, ávida de nuevos conocimientos.

Y cada respuesta que obtenías, hacía más grande tu corazón, tu generosidad para y con los demás; y lo más importante, contigo misma. Aprendiste a quererte y nos lo enseñaste día tras día a los que estábamos a tu lado, con hechos, con tu actitud, con tu sonrisa.

Entendiste bien cuál era el “Present Preciós”  y no lo has dejado de llevar contigo hasta día de hoy. Recuerdas como acaba el cuento?

El niño crece escuchando al abuelo; este niño crece feliz después de descubrir lo más valuoso de este mundo. Se convierte en abuelo y conoce a una pequeña niña a quien le cuenta la historia, feliz…

¿Te das cuenta, querida amiga, cúan privilegiados somos? Se qué darás el siguiente paso correcto y que tus dudas acerca de hasta dónde puedes llegar y en quien puedes influir, tu misma y el tiempo las despejareis rápido.

De una buena discípula saldrá una gran maestra,pero no olvides seguir luciendo ese sombrero de aprendiz que con tus bonitos ojos te sienta tan bien.

Sabes de tu carácter, de tu tesón y tu gran fuerza de voluntad. Tambien sabes que dispones de una capacidad de sacrificio increible, que te ha permitido llegar hasta donde estás ahora.

Y también poco a poco has ido conociendo al señor Inconformismo, que te echará una mano, para seguir avanzando sin fin en busca de tus sueños.

Puedo pedirte un favor? Ya no eres una niña, pero la pasión de esa niña no te permito que la dejes olvidada en ese majestuoso altillo, ese espacio donde te sentías libre, realizada, donde te permitias el lujo de soñar.

Lleva esos palos en tu mochila y tu música en tu corazón, hazme el favor, querida amiga.

No te quepa la menor duda, que harás todo aquello que sueñas hacer y que te convertirás en cada momento, en quien quieras ser. De ti depende, está en tus manos.

Y cuando te llegue la responsablidad que, muy oportunamente, tu te has encargado de hacerme llegar, acéptala. Lo harás muy bien.

Pronto nos veremos, pero no olvides que siempre te voy a llevar conmigo. Y no es ninguna broma y, des del primer día que lo hablamos, que no me olvido, que sobre tu legado y ascendencia, ese viejo zorro va a tener alguna cosa que decir. Como? De que hablas? Bien lo sabes querida amiga, no te hagas la desinteresada.

Gracias por ser mi amiga, tengo un tesoro contigo.

Ah! se me olvidaba! Mantén vivo junto conmigo, ese secreto que solo tu y yo compartimos.

Quizá un día Asia responda.

La amistad es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas. (Aristóteles)