Latidos de un Corazón de Baloncesto

A medida que transcurren los años, afrontas nuevos retos y decides ponerte al frente de un equipo, de baloncesto en mi caso y, encarar una nueva temporada, la conclusión y denominador común, en cada inicio, después de unos cuantos entrenamientos, es que los jugadores no entienden el juego, en su mayoria, ni tampoco se preparan para poder entenderlo.

Con eso no quiero decir que no sepan jugar ni competir, no es incompatible. Simplemente quiero constatar que la mayoria de ellos, juegan por automatismos, con conceptos de valor absoluto, que cada entrenador con su estilo de enseñanza, método y personalidad ha ido transmitiendo al jugador a lo largo de su trayectoria.

Muchos de nosotros habremos pronunciado y/o escuchado que “estos jugadores parecen robots”, este o aquel equipo “solo puede jugar con sistemas cerrados” o a tal jugador “no le pidas más de… o no lo saques de esa posición”.

No comparto estas expresiones, me rebelo ante el estaticismo que rebelan y generan en el juego estas mentalidades y muestro mi inconformismo ante la actitud del jugador que llega anestesiado y con la percepción, ¿ su percepción?,  muy clara de cuales son sus límites en la participación de este juego.

Muchos son los aspectos a tener en cuenta, empezando por el proceso de formación del jugador, su desarrollo físico, cognitivo, psicológico, técnico y táctico, su entorno afectivo, sus motivaciones, etc…y así ver año a año el crecimiento de cada jugador. Pero no quiero centrarme, ni en las etapas formativas, ni en las edades y objetivos acorde a ellas, ni hablar de tipología de clubes ni lógicamente hacerlo de jugadores.

Quiero explicar a qué me refiero por Entender el Juego y un aspecto global, pero también específico de cada deporte, que es el de Crear Hábitos en el jugador.

Antes de dar mi punto de vista sobre estos dos aspectos, me gustaria señalar algunas frases que el entrenador serbio Svetislav Pesic (ex entrenador de Barcelona, Girona, Valencia en ACB, seleccionador de Serbia y Alemania entre otros) compartió en una entrevista realizada por la revista Gigantes el 11/01/2011.

  • Los entrenadores debemos ayudar a los jugadores y enseñarles cómo han de hacer las cosas esenciales.
  • La mayoria de jugadores jóvenes actuales, debe aprender que el baloncesto no sólo es saber jugar bien, sinó tambien saber entrenar.
  • Hay demasiada preocupación por ganar y ya no se experimenta tanto tácticamente.

¿ Qué entiendo por las “cosas esenciales” ?

Sin caer en el agotamiento del lector y teniendo en cuenta los buenos entrenadores, jóvenes y expertos, que leeran estas líneas, para mi es fundamental para jugar bien a este juego, la capacidad de pasar bien el balón, en su técnica, tensión y dirección y en el aspecto táctico, intencionalidad y tiempo de ejecución.

El uso racional del bote, su ejecución técnica y los espacios que queremos conquistar y gobernar para encontrar o generar ventajas.

Enseñar a conocer y utilizar el cuerpo, para buscar la eficiencia del movimiento, en cualquiera de los aspectos técnicos que queramos hacer referencia, con balón y también sin él.

Y por último, para mi uno de los aspectos más complicados a enseñar, son los espacios. Empezar reconociendo la pista, sus areas de incidencia tanto a nivel ofensivo y defensivo; a ocupar los espacios idoneos en cada momento del juego, en relación a cuatro componentes:

  1. Al balón
  2. A la canasta
  3. Los compañeros de equipo
  4. Los jugadores del equipo contrario

Hay otros muchos aspectos técnico-tácticos a enseñar y que aquí podría enumerar. Pero no es este mi propósito ni objetivo.

Los que he enumerado, son mi debilidad para poder hacer un buen trabajo con cada jugador y el equipo y que contribuyen de forma esencial a desarrollar patrones de movimiento colectivo, en función de lo que está sucediendo en cada momento del juego, a expensas de los sistemas tácticos que cada entrenador quiera utilizar con su equipo. Y con ello tendremos jugadores capaces de entender muchos más aspectos del juego y sus diferentes fases en un partido.

En el segundo punto que he querido señalar de las palabras de Svetislav Pesic, donde el jugador debe aprender a entrenar bien, los hábitos toman especial relevancia.

¿ Qué tipo de hábitos ?

Primero los fundamentales y que nos deben acompañar en cada paso que damos como personas y en este caso como deportistas. Todos aquellos aspectos que ayuden al jugador a estar en disposición para afrontar una buena práctica deportiva, entrenamiento o partido. El cuidado personal de su cuerpo y con ello hábitos saludables de descanso, alimentación y ocio, esenciales en cualquier ámbito en el que nos encontremos.

En segundo lugar todos aquellos hábitos, que cada individuo debe poseer y que sus beneficios se extienden al beneficio del colectivo. Hemos escuchado todos el concepto de educar en valores y que por extensión podemos llevar al campo del entrenamiento. Para mi són hábitos que se traducen en los valores que cada persona va trabajando a lo largo de su vida.

Quiero destacar dos en concreto, significativos para colectivos, equipos de cualquier disciplina deportiva: la confianza y el respeto. Por si solos, términos muy vagos, que resultan vacíos, incluso abstractos.

Confianza en abordar todos aquellos aspectos físicos, técnicos y tácticos, que se planteen en cada práctica, de manera individual y colectiva, donde el jugador pueda expresar sus inquietudes, pueda mostrar sus debilidades para poder aprender, pueda preguntar sin miedo.

Dar confianza y no esperarla; porqué si todos estuvieramos esperando, esperando estariamos toda la vida.

Respeto principalmente a ti mismo, a tus compañeros, a tus adversarios, a los árbitros y sobretodo a los objetivos y retos individuales y colectivos que cada uno se haya fijado.

Para mi esos dos aspectos son la base que se sustenta todo lo relacionado con el equipo. Son la base que cada jugador debe conocer y aceptar para ser parte integrante del equipo de trabajo. Forman el puente que todos necesitamos construir para poder atravesar todo tipo de adversidades y obstáculos que iremos sufriendo a lo largo de nuestras carreras, y en general nuestras vidas.

Quien sabe si desde esa base, esos valores fuertes, derivan en la más preciada forma de relación, que es la amistad. Puede o no salir, en cualquier caso no hay que forzar nada.

Y por último hay un tercer tipo de hábitos. Los que se desarrollan en la cancha, en la práctica, en cada entrenamiento. Desde los más básicos, en relación a preparar y acondicionar el cuerpo, para una práctica intensa hasta los más sofisticados y que tienen que ver con la técnica y la táctica de la disciplina deportiva en cuestión.

Hábito en el gesto técnico para poder realizar una acción concreta y poder aplicarla en el juego real, en competición, donde es importante leer como está reaccionando la defensa. O al revés, hábitos tecnicos defensivos, para anticipar y sorprender al jugador atacante y que ello contribuya a una buena defensa colectiva.

El hábito de encadenar acciones, preparar al jugador para hacer dos, tres acciones de diferente índole, de juego ofensivo y defensivo consecutivas, que ayude al jugador a reconocer  la situación real e imprevisible de partido. Que le ayude a reaccionar y no quedarse quieto, ante la extrañeza y la sensación de no poder estar controlando el ritmo de sus pensamientos a la vez que el de sus acciones.

Y hábitos tácticos del equipo, que el colectivo sepa reaccionar bien en la toma de decisiones en las diferentes situaciones del juego, diferentes, cada vez, que se van a encontrar a lo largo de una temporada. Situaciones de marcador a favor o en contra, últimos segundos, tiros decisivos,etc.

Parece ser que con esta descripción que acabo de hacer, lo tendríamos todo solucionado, pero la respuesta es no.

Esto es mera teoría si no se cree fervientemente en ello y no se pone en práctica día tras día.

Hay que vivirlo y sentirlo, acompañar al jugador en este proceso de aprendizaje tan rico, un aprendizaje que se convierta en un valor añadido de cada uno de los integrantes del equipo. Que cada jugador, libremente, donde decida en cada momento seguir su etapa baloncestística, adquiera y lleve consigo estos hábitos y tenga tal conocimiento del juego, que sean éstas, características que le definan y pueda aportar riqueza tanto a su nuevo equipo como a sus compañeros de manera individual.

Una vez conseguido esto, tan solo habrá que integrar de forma natural estas características, al estilo o sistema táctico que el entrenador decida en cada momento. Creo que esto permitiria ver un mejor baloncesto, en cada estadio de evolución del jugador. Sin prisas, sin quemar etapas y formando jugadores más preparados y completos, preparados para hacer frente cualquier dificultad o procesos de cambios, a que se ven involucrados los jugadores a medida que avanza su carrera.

En la vida hay que tomar decisiones y los entrenadores no estamos exentos de ello, al contrario, nos vemos sometidos a tomar decisiones a cada momento y sin casi tiempo para pensar ni reaccionar.

Pero la decisión que si podemos tomar con más sosiego y serenidad es la de como queremos que sea nuestro baloncesto, como queremos hacer las cosas, qué jugadores queremos tener para hacer este baloncesto, qué necesitan aprender estos jugadores para llevar a cabo un proceso de integración bidireccional…

Todos estos aspectos antes detallados, si los podemos decidir, si podemos priorizar el orden y la forma en que iran contribuyendo al proceso evolutivo y formativo del jugador, para aproximarnos al máximo de la visión del baloncesto que queremos; el equipo que queremos formar, el equipo que queremos ser y en el equipo en que queremos convertirnos a cada paso del camino.

Y qué mejor ingrediente que la pasión que nos condimente todo el proceso desde su inicio hasta el resultado final.

La belleza con la que quieras conseguir tus objetivos, la determinas tu Entrenador.

Hay un famoso dicho chino acerca de ir en busca de los bordes exteriores de la belleza:

” Ve a la orilla del lago y mira la niebla levantarse “

¿ A qué esperas ? Ve y construye tu visión, la del equipo, la del baloncesto que quieres sentir en tu corazón y en el de los jugadores; un corazón que late al ritmo del bote del balón.

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