bALONCESTO, con “b”.

Ando algo preocupado y melancólico de recientes tiempos pasados, debido al baloncesto que juegan hoy los niños y adolescentes. Me da pereza citar ese baloncesto “de formación” o “de base” porque de tanto usar esos términos, la nomenclatura carece de valor y significado y sirve de cortina para separar el verdadero baloncesto que se practica en la trastienda de los clubs o simplemente en los espacios individuales que ocupan entrenadores, sin vínculo alguno, que no sea el equipo que en suerte les ha tocado dirigir.

En la base de la pirámide que forman todos los clubs del país, encontramos a la mayoría silenciosa, esa que año tras año, conforma su estructura en base a los equipos que podran salir a jugar en una competición, bien sea escolar o federada, es donde nos encontramos la mayoría de nosotros, porque son pocos los que forman parte de la punta de esa pirámide que se hallan en entornos de equipos cuyo espejo define un sinuoso trazo a la alta competición o de élite o, vulgarmente hablando,  profesional.

Como el brillo de esa punta de la pirámide, aún no ha deslumbrado mis ojos, no puedo hablar sobre ella. Tal vez “algún día”, tal vez un “nunca”,  tal vez un “jamás”.

Hoy todo es más complejo. La crisis, ya sabeis. Y con ella, poco dinero, poca solidaridad y mucho conformismo. Mucha exigencia para con los demás y poca con uno mismo. Muchos derechos, porque solo faltaría con la que está cayendo y nosotros debajo y pocas obligaciones, porque solo y llanamente, es más fácil vivir con el pobrecito de mi.

Directivos, entrenadores, padres, jugadores y si existe la figura del coordinador o director deportivo, forman la expedición al apocálipsis diario, que cada uno de esos círculos o grupos piensan, sienten y viven de manera individual. Todos contra todos la mayor de las veces; unos pocos contra otros pocos algunas veces y todos contra uno, una vez, cuando el resto de batallas han minado las fuerzas de todos. Así lo vivo y lo percibo cada día.

De todas las etiquetas que uno va coleccionando por su paso en el bALONCESTO, me quedo con la de Entrenador y que cada uno le de el significado que quiera. Formador, educador, psicólogo, filósofo, director de orquesta y cuantas otras responsabilidades quieran, nos han metido en nuestro DEBE.

Yo solo quiero ser, vivir y sentir ese talento, mejor o peor aprovechado, que descubrí cuando era un niño y jugaba con mis muñecos primero y con las representaciones gráficas de los juegos de ordenador después, a simular partidos de futbol o de baloncesto, disponiendo a los “nombres” que querían que formasen parte de mi juego y ha jugar los partidos de una “MANERA” concreta, retadora, compleja, porque cuando uno juega solo, o contra la máquina siempre o casi siempre acaba encontrado la manera de ganar. Y ganar de cualquier manera, lo siento, me aburre.

Cuando empecé a entrenar a niños, con el tiempo, solo con él, pude poner nombre a eso que nombramos talento y que los que saben, dicen que cada uno de nosotros tenemos el nuestro. Repito: mejor o peor aprovechado, pero es ese que me permite hacer lo que más me gusta y mejor se hacer.

Pero pasa el tiempo e identificas y vas conociendo a los jinetes del apocalipsis, forman parte de tu actividad diaria, de tu proceso de crecimiento o estancamiento como Entrenador. Condicionan tu manera de pensar, te confrontan con tu sentir interno y toman parte en las decisiones más o menos concientes que debes tomar cada día en relación al equipo y los jugadores que lo forman.

Me considero afortunado porque tuve la suerte de vivir por un tiempo la pureza de entrenar. Tengo mis dudas que los jóvenes Entrenadores dispongan de tal suerte en el complejo entramado que supone formar parte de un deporte de equipo cualquiera, en nuestro caso el bALONCESTO.

No se si ellos disfrutan de ese espacio personal, con tiempo, respeto y confianza en su persona incluidos, en el que vayan descubriendo un nuevo mundo, el del entrenamiento.

Tampoco se si tendran la oportunidad de encontrar ese objeto que les vincule con su elección y sea el fuerte anclaje que les lleve hasta las entrañas de ese mundo. En mi caso, fue un libro de ejercicios que me regalaron cuando empezaba a entrenar, el que me ancló en el estudio del bALONCESTO.

Hay tantas cosas que no se, de las que dudo que dispongan las nuevas generaciones de Entrenadores…

Porque uno de nuestros objetivos es enseñar el JUEGO del baloncesto y para ello el Entrenador debe prepararse, técnica y tácticamente, debe interesarse por conocimientos sobre psicología, preparación física, dirección de equipos, comunicación, entre otros.

Cuando uno no se prepara, no halla ni alimenta pasión alguna, el JUEGO y su entrenamiento se convierte en una serie de DIRECTRICES inconexas las cuales hay que TRABAJAR. Y cuando oigo en una cancha de bALONCESTO, donde juegan niños o adolescentes y por extensión baloncesto senior, la palabra “Trabajar” algo en mi interior muere.

Espero tener la fuerza necesaria para ponerme en camino, tantas veces como me salga de él, de la pasión que descubrió mi talento y viajar junto a todo aquel Entrenador que quiera hacerse suyo el objetivo de cambiar esa pequeña “b” por una fuerte y sólida “B”, que sea el pilar donde se sustenten unas BASES=b sólidas, llenas de contenido, de enseñanza y aprendizaje continuo y que hiervan al fuego lento de la PASIÓN por este juego.

No es cuestión de un mal resultado, una mala semana de entrenamientos o un mal despertar, los que me llevan a esa reflexión; solo es una emoción que nace cuando pienso menos de lo que realmente vivo el bALONCESTO.

Forjarse Entrenador

Siempre he dicho que un día elegí ser Entrenador. Puede que me haya estado engañando a mi mismo todo este tiempo y que sea Entrenador por descarte, comodidad o simplemente, ingenuidad.

A veces sueño justo lo contrario, que he sido elegido para ello.

Pero esta cuestión no es importante. Si uno permanece en ese estadio de reflexión demasiado tiempo, divisa en el horizonte una capa de vanidad que va espesando el camino por donde avanzar.

Un Entrenador sabe escoger esos momentos vividos, en cada una de las temporadas deportivas, que definen y sintetizan con precisión su trayectoria hasta la fecha.

Y en cada uno de esos momentos un nuevo aprendizaje, un signo de transformación, un imperceptible cambio en tu piel.

Con el tiempo, solo con el tiempo, uno descubre que todos esos momentos reposan en el regazo de la Identidad. Difícil de caracterizar y de definir. Apenas uno la verbaliza a lo largo de su vida.

Ser Entrenador es una sucesión de pasos, grandes, medianos, pequeños, pasos de retroceso, de estancamiento, de parada obligada, impuesta y la menor de las veces voluntaria. Pasos en definitiva, que solo la voluntad individual puede adjetivizar. En el caso que pueda.

Con cada paso uno llena todos los huecos de una mochila que, de manera erronea, pensamos que cambia su tamaño. Cuando esto sucede conviene revisar con carácter de urgencia, si no es alguna parte de nuestro interior la que ha modificado sus proporciones.

Evolucionas con un recuerdo de jugador, recabas en la memoria alguna enseñanza de no todos los entrenadores que pasaron en tu formación.

Le das vida a lo que antes solo era un reproductor de películas y empiezas a desenpolvar la función de grabación, abandonada a su suerte, años antes  no te grabas tu primer partido, no lejos de tu bandera, pero si con segundas intenciones.

Descubres libros y revistas especializadas, más videos ya editados, ves partidos, más partidos y vuelves a empezar otra vez con los mismos. De golpe, un sin sentido.

Dibujas. Primero copias, después creas. Puede que luego ni copies ni crees y descubras otro tipo de arte, el de la crítica.

Solo son pasos que dan lugar a todos esos momentos que, más tarde que pronto, osamos reducir, para bien o para mal, a un solo concepto: Identidad.

Es una profesión, la de Entrenador, hecha para ser juzgada, por todo el mundo y si, por ti mismo también. Eres el primero en hacerlo; también el primero que aprende que minimizar sus efectos nocivos será uno de los grandes objetivos que te debes marcar.

Suena de fondo la canción que habla de las responsabilidades, de la enseñanza, del liderazgo, de las tácticas y el éxito o el fracaso. No la escucho, simplemente la oigo mientras escribo estas líneas.

¿Sabes que eres un buen Entrenador?

Si lo sabes. Pero ser buen Entrenador es un concepto etereo.

Uno es buen Entrenador hasta que pone al descubierto los límites de los jugadores a los que dirige. Por supuesto me refiero a una exposición pública en el seno del propio equipo.

Lo que pase a partir de ese momento nadie lo puede objetivizar. De tu labor surgen ramificaciones que escapan a tu control y que van a depender de la  actitud y predisposición que tomen los jugadores para afrontar el proceso de cambio, mejora y superación de esos límites que tu les planteas.

Esta pequeña o gran encrucijada que supone abordar los límites de los jugadores, debe partir de la premisa básica y para mi fundamental, que el entrenamiento es para los jugadores y se planifica y elabora a partir de ellos y con ellos.

No debe ser el Entrenador el punto de partida, donde todo gire entorno a su figura, porque confundamos conceptos como responsabilidad y liderazgo. El Entrenador no es el epicentro de la exposición de ese plan elaborado con contenidos técnicos, conceptos tácticos, objetivos individuales, colectivos, de realización o de resultado.

La exposición gratuita que parte del Entrenador conduce a un malbaratamiento del tiempo y la energía necesarias para afrontar una larga temporada, tanto del técnico como de los jugadores.

Es un proceso emocionalmente vanidoso en el que incurre el Entrenador y contraproducente para el retorno que le llegue de parte de los jugadores, en forma de no reconocimiento, falta de confianza y un engendro no deseado de actitudes interesadas por parte de éstos.

¿Lo sabes todo de tu deporte?

Nunca se sabe todo, verdad? Pero poco a poco dentro de ti va naciendo un sentimiento, que recorre el camino hacía “Experto” en la materia. Y en ese camino focalizas tus energías y diriges tu voluntad.

Si algo he aprendido de todos estos años, es que el último aprendizaje siempre está por llegar.

Recientemente he aprendido que entrenar no solo es acumular conocimientos, ordenarlos, seleccionarlos, exponerlos, transmitirlos, que el jugador los interiorice, añadirles ingredientes como trabajo, talento, suerte y a jugar.

Es todo esto. Pero entrenar es anticipar y actuar sobre todas aquellas instantáneas que sacas de los jugadores dentro del proceso de entrenamiento, la planificación y la periodización táctica prevista para la temporada y que surgen fuera de ese foco de atención e interés primarios y en momentos no previstos.

Es ahí donde reside una de las claves más importantes de ser Entrenador.

No solo ser capaz de poner sobre la mesa todas las fotos sacadas durante la temporada y hacer un análisis a posteriori, que ayude a pasar balance o explique determinados rendimientos o resultados. Sinó sacar la foto, hacerle el revelado rápido y actuar con inmediatez sobre ella. Esto mismo, una foto tras otra, y otra.

Pero eso requiere tiempo y acumular experiencias significativas.

Todo lo que se aprende está para cuestionarlo. Ninguna teoría o experiencia sirve por igual a ningún individuo. Empezando por este texto que lees.

Hay que desafiarlas y confrontarlas para encontrar el éxito y el fracaso cara a cara. Y volver a empezar. Cambiar de nuevo la piel. Forjar la Identidad.

Aquella canción que se oía de fondo… ya terminó.

Entrenador y Método

Las semanas de un entrenador son especialmente largas; su familia y amigos bien lo saben. Vive las 24 horas del día con el equipo, el método y la táctica revoloteando por su cabeza.

Visualiza y siente de manera inconexa, momentos pasados, partidos, estados de ánimo, con futuros hechos venideros los cuales, en un estado plenipotenciario del juego, cree que influirá de manera significativa.

Pese a que es responsable de muchos aspectos del juego y también sobre la dinámica interna y de evolución del equipo, ni mucho menos tiene el control de todos y cada uno de ellos que influyen o determinan, la vida de los equipos. Desde su evolución como grupo a equipo, pasando por la toma de decisiones propias y ajenas, terminando por la incidencia que conllevan los resultados, por citar algunos ejemplos representativos. Hay más, muchísimos más.

Creo que todos los entrenadores, cualesquiera que sea la categoría y el nivel en el que entrenan, sienten, se ilusionan, celebran, sufren victorias y derrotas por igual. Detrás hay un trabajo elaborado, programado y evaluado para obtener y sacar el mejor rendimiento al equipo y a cada uno de sus integrantes.

Habrá tantos aciertos como errores, que se retroalimentaran en busca de un éxito que se dilate en el tiempo y una derrota que devuelva a la senda del trabajo y el esfuerzo a sus protagonistas.

Entre medio de este gran bosque de preguntas y respuestas, de acciones y reacciones, de afirmaciones, ratificaciones, dudas e incertidumbre, el entrenador debe tener claros sus objetivos, independientes y separados, de los objetivos colectivos que se establezcan para el equipo durante y, a la finalización de la temporada.

Para mi uno de los grandes objetivos y que debería ser denominador común entre los entrenadores, tiene que ver con uno de los aspectos que citaba la semana pasada, en la entrada “Latidos de un Corazón de Baloncesto” http://wp.me/p2FIzY-2M

Y no es otro que, al  igual que le pedimos al jugador, que entienda el juego, el entrenador debe tener como principal objetivo y FUNDAMENTAL: Entender el juego y saber convivir con él.

Lo primero es importante porque sinó no seremos capaces de formar jugadores con esta premisa básica y de obligado cumplimiento si queremos buscar y estar lo más cerca posible de la belleza del juego.

Lo segundo quizá suene a idea abstracta, pero pretende ser todo lo contrario. Es decir ser consciente en todo momento de lo que sucede, en que punto de su evolución se encuentra el equipo, conocer exactamente cual es ese punto, para, desde allí, crecer física, técnica, táctica y psicológicamente.

Pero no solo eso, saber que el juego, pese a sus normas y pautas no es una ciencia exacta, determinará la capacidad de adaptación a los imprevistos, a todos aquellos aspectos no planificados y que escapan de nuestro control.

  • ¿Cómo seremos capaces de influir y transmitir desde la incertidumbre de lo desconocido?

O por el contrario, nos reafirmará como equipo, descubrirá valores a través del juego y la competición, que influiran positivamente en el estado de ánimo y la autoestima del equipo.

  • ¿Cómo seremos capaces de mantener y potenciar esos valores y perseverar en ellos, hasta convertirlos en seña de identidad del equipo?

En cualquier caso, el trabajo del entrenador no está sujeto a una filosofía predeterminada de juego. Ni tampoco puede descansar en ideas prefijadas antes de empezar el proyecto, porqué las circunstancias son cambiantes y influyen en la vida y evolución del equipo.

¿Qué herramientas tiene el entrenador para transformar a su equipo e influir en él? ¿Cómo va a convencer de cada nuevo (incertidumbre) paso a dar?

Creo que la palabra que responde mejor a las dos preguntas es el Método.

” Donde radicalizas tu trabajo y centras tu rigidez no es tanto en la filosofía sino en el Método que usas para llegar a ello ” (Ricard Casas)

Cuando te decides por un u otro método de trabajo, previamente se ha hecho un análisis completo de la situación de partida. Desde el entorno en el que se encuentra el equipo, los jugadores que lo componen, infraestructura y disponibilidad de recursos, objetivos, expectativas, sistemas de juego, etc.

Sin olvidar que el entrenador debe integrar todos estos elementos a su personalidad, su carácter y su visión del juego. Cada entrenador tendrá su método particular y será diferente al de otro, pese a que los elementos y características que evaluemos, en algunos casos puedan ser muy similares.

Definido el método, éste debe estar sujeto a permanente actualización, debe adaptarse a las situaciones cambiantes que más arriba he mencionado, entender y leer la nueva realidad que se le presenta al equipo y cómo somos capaces de cambiar, cambiando poco.

No se trata de echar a la basura todos los sistemas tácticos que, previamente y después de analizar y ver las características de los jugadores de tu equipo, decidiste que serían los adecuados para competir. Al contrario, en la combinación de estos, su elección en momentos concretos de unos sistemas y no otros, complementados por algunas variantes, veremos el trabajo y la verdadera esencia del entrenador.

Ni tampoco echar las campanas al vuelo si el equipo responde y ejecuta perfectamente éstos, anticipandose a la programación, incluyendo nuevos y más sofisticados sistemas, pensando que el equipo necesita más. En este caso, insisto, la elección de unos, añadir variantes que enriquezcan el juego y por ende complementen al jugador, será síntoma de una buena evolución táctica del equipo.

Esa capacidad global de leer que está pasando alrededor del equipo, como se compite, de que manera podemos cambiar o recuperar un rumbo que parecía perdido, o bien, cómo crecer y evolucionar tácticamente, pensando más en el medio plazo y no quedarse en el momento presente, determinaran unas cualidades muy preciadas en el entrenador.

” El equipo debe estar dispuesto en todo momento a sacrificar lo que es, por lo que puede llegar a ser. El éxito es efímero y el fracaso no es para siempre “

El entrenador debe ser capaz de huir, de los fríos números que marcan los resultados de una competición, la estadística de un partido, las opiniones externas, las nuevas tendencias o modas tácticas, etc.

Tiene que estar en constante evolución, ser un buen observador y hacer análisis lo más objetivos posibles, basandose en los diferentes aspectos en los que él y su equipo de colaboradores y jugadores, puedan incidir y aplicar cierta lógica y sensibilidad a la hora de hacer las cosas.

Entrenador permiteme:

  1. Abre bien los ojos, observa todo a tu alrededor y disfruta de una mentalidad abierta al aprendizaje
  2. Escucha!! a entrenadores y jugadores; escuchate a ti mismo.
  3. Transmite la pasión que sientes por el juego. Te sorprenderás de como tu y tus jugadores fluireis en este viaje.

Latidos de un Corazón de Baloncesto

A medida que transcurren los años, afrontas nuevos retos y decides ponerte al frente de un equipo, de baloncesto en mi caso y, encarar una nueva temporada, la conclusión y denominador común, en cada inicio, después de unos cuantos entrenamientos, es que los jugadores no entienden el juego, en su mayoria, ni tampoco se preparan para poder entenderlo.

Con eso no quiero decir que no sepan jugar ni competir, no es incompatible. Simplemente quiero constatar que la mayoria de ellos, juegan por automatismos, con conceptos de valor absoluto, que cada entrenador con su estilo de enseñanza, método y personalidad ha ido transmitiendo al jugador a lo largo de su trayectoria.

Muchos de nosotros habremos pronunciado y/o escuchado que “estos jugadores parecen robots”, este o aquel equipo “solo puede jugar con sistemas cerrados” o a tal jugador “no le pidas más de… o no lo saques de esa posición”.

No comparto estas expresiones, me rebelo ante el estaticismo que rebelan y generan en el juego estas mentalidades y muestro mi inconformismo ante la actitud del jugador que llega anestesiado y con la percepción, ¿ su percepción?,  muy clara de cuales son sus límites en la participación de este juego.

Muchos son los aspectos a tener en cuenta, empezando por el proceso de formación del jugador, su desarrollo físico, cognitivo, psicológico, técnico y táctico, su entorno afectivo, sus motivaciones, etc…y así ver año a año el crecimiento de cada jugador. Pero no quiero centrarme, ni en las etapas formativas, ni en las edades y objetivos acorde a ellas, ni hablar de tipología de clubes ni lógicamente hacerlo de jugadores.

Quiero explicar a qué me refiero por Entender el Juego y un aspecto global, pero también específico de cada deporte, que es el de Crear Hábitos en el jugador.

Antes de dar mi punto de vista sobre estos dos aspectos, me gustaria señalar algunas frases que el entrenador serbio Svetislav Pesic (ex entrenador de Barcelona, Girona, Valencia en ACB, seleccionador de Serbia y Alemania entre otros) compartió en una entrevista realizada por la revista Gigantes el 11/01/2011.

  • Los entrenadores debemos ayudar a los jugadores y enseñarles cómo han de hacer las cosas esenciales.
  • La mayoria de jugadores jóvenes actuales, debe aprender que el baloncesto no sólo es saber jugar bien, sinó tambien saber entrenar.
  • Hay demasiada preocupación por ganar y ya no se experimenta tanto tácticamente.

¿ Qué entiendo por las “cosas esenciales” ?

Sin caer en el agotamiento del lector y teniendo en cuenta los buenos entrenadores, jóvenes y expertos, que leeran estas líneas, para mi es fundamental para jugar bien a este juego, la capacidad de pasar bien el balón, en su técnica, tensión y dirección y en el aspecto táctico, intencionalidad y tiempo de ejecución.

El uso racional del bote, su ejecución técnica y los espacios que queremos conquistar y gobernar para encontrar o generar ventajas.

Enseñar a conocer y utilizar el cuerpo, para buscar la eficiencia del movimiento, en cualquiera de los aspectos técnicos que queramos hacer referencia, con balón y también sin él.

Y por último, para mi uno de los aspectos más complicados a enseñar, son los espacios. Empezar reconociendo la pista, sus areas de incidencia tanto a nivel ofensivo y defensivo; a ocupar los espacios idoneos en cada momento del juego, en relación a cuatro componentes:

  1. Al balón
  2. A la canasta
  3. Los compañeros de equipo
  4. Los jugadores del equipo contrario

Hay otros muchos aspectos técnico-tácticos a enseñar y que aquí podría enumerar. Pero no es este mi propósito ni objetivo.

Los que he enumerado, son mi debilidad para poder hacer un buen trabajo con cada jugador y el equipo y que contribuyen de forma esencial a desarrollar patrones de movimiento colectivo, en función de lo que está sucediendo en cada momento del juego, a expensas de los sistemas tácticos que cada entrenador quiera utilizar con su equipo. Y con ello tendremos jugadores capaces de entender muchos más aspectos del juego y sus diferentes fases en un partido.

En el segundo punto que he querido señalar de las palabras de Svetislav Pesic, donde el jugador debe aprender a entrenar bien, los hábitos toman especial relevancia.

¿ Qué tipo de hábitos ?

Primero los fundamentales y que nos deben acompañar en cada paso que damos como personas y en este caso como deportistas. Todos aquellos aspectos que ayuden al jugador a estar en disposición para afrontar una buena práctica deportiva, entrenamiento o partido. El cuidado personal de su cuerpo y con ello hábitos saludables de descanso, alimentación y ocio, esenciales en cualquier ámbito en el que nos encontremos.

En segundo lugar todos aquellos hábitos, que cada individuo debe poseer y que sus beneficios se extienden al beneficio del colectivo. Hemos escuchado todos el concepto de educar en valores y que por extensión podemos llevar al campo del entrenamiento. Para mi són hábitos que se traducen en los valores que cada persona va trabajando a lo largo de su vida.

Quiero destacar dos en concreto, significativos para colectivos, equipos de cualquier disciplina deportiva: la confianza y el respeto. Por si solos, términos muy vagos, que resultan vacíos, incluso abstractos.

Confianza en abordar todos aquellos aspectos físicos, técnicos y tácticos, que se planteen en cada práctica, de manera individual y colectiva, donde el jugador pueda expresar sus inquietudes, pueda mostrar sus debilidades para poder aprender, pueda preguntar sin miedo.

Dar confianza y no esperarla; porqué si todos estuvieramos esperando, esperando estariamos toda la vida.

Respeto principalmente a ti mismo, a tus compañeros, a tus adversarios, a los árbitros y sobretodo a los objetivos y retos individuales y colectivos que cada uno se haya fijado.

Para mi esos dos aspectos son la base que se sustenta todo lo relacionado con el equipo. Son la base que cada jugador debe conocer y aceptar para ser parte integrante del equipo de trabajo. Forman el puente que todos necesitamos construir para poder atravesar todo tipo de adversidades y obstáculos que iremos sufriendo a lo largo de nuestras carreras, y en general nuestras vidas.

Quien sabe si desde esa base, esos valores fuertes, derivan en la más preciada forma de relación, que es la amistad. Puede o no salir, en cualquier caso no hay que forzar nada.

Y por último hay un tercer tipo de hábitos. Los que se desarrollan en la cancha, en la práctica, en cada entrenamiento. Desde los más básicos, en relación a preparar y acondicionar el cuerpo, para una práctica intensa hasta los más sofisticados y que tienen que ver con la técnica y la táctica de la disciplina deportiva en cuestión.

Hábito en el gesto técnico para poder realizar una acción concreta y poder aplicarla en el juego real, en competición, donde es importante leer como está reaccionando la defensa. O al revés, hábitos tecnicos defensivos, para anticipar y sorprender al jugador atacante y que ello contribuya a una buena defensa colectiva.

El hábito de encadenar acciones, preparar al jugador para hacer dos, tres acciones de diferente índole, de juego ofensivo y defensivo consecutivas, que ayude al jugador a reconocer  la situación real e imprevisible de partido. Que le ayude a reaccionar y no quedarse quieto, ante la extrañeza y la sensación de no poder estar controlando el ritmo de sus pensamientos a la vez que el de sus acciones.

Y hábitos tácticos del equipo, que el colectivo sepa reaccionar bien en la toma de decisiones en las diferentes situaciones del juego, diferentes, cada vez, que se van a encontrar a lo largo de una temporada. Situaciones de marcador a favor o en contra, últimos segundos, tiros decisivos,etc.

Parece ser que con esta descripción que acabo de hacer, lo tendríamos todo solucionado, pero la respuesta es no.

Esto es mera teoría si no se cree fervientemente en ello y no se pone en práctica día tras día.

Hay que vivirlo y sentirlo, acompañar al jugador en este proceso de aprendizaje tan rico, un aprendizaje que se convierta en un valor añadido de cada uno de los integrantes del equipo. Que cada jugador, libremente, donde decida en cada momento seguir su etapa baloncestística, adquiera y lleve consigo estos hábitos y tenga tal conocimiento del juego, que sean éstas, características que le definan y pueda aportar riqueza tanto a su nuevo equipo como a sus compañeros de manera individual.

Una vez conseguido esto, tan solo habrá que integrar de forma natural estas características, al estilo o sistema táctico que el entrenador decida en cada momento. Creo que esto permitiria ver un mejor baloncesto, en cada estadio de evolución del jugador. Sin prisas, sin quemar etapas y formando jugadores más preparados y completos, preparados para hacer frente cualquier dificultad o procesos de cambios, a que se ven involucrados los jugadores a medida que avanza su carrera.

En la vida hay que tomar decisiones y los entrenadores no estamos exentos de ello, al contrario, nos vemos sometidos a tomar decisiones a cada momento y sin casi tiempo para pensar ni reaccionar.

Pero la decisión que si podemos tomar con más sosiego y serenidad es la de como queremos que sea nuestro baloncesto, como queremos hacer las cosas, qué jugadores queremos tener para hacer este baloncesto, qué necesitan aprender estos jugadores para llevar a cabo un proceso de integración bidireccional…

Todos estos aspectos antes detallados, si los podemos decidir, si podemos priorizar el orden y la forma en que iran contribuyendo al proceso evolutivo y formativo del jugador, para aproximarnos al máximo de la visión del baloncesto que queremos; el equipo que queremos formar, el equipo que queremos ser y en el equipo en que queremos convertirnos a cada paso del camino.

Y qué mejor ingrediente que la pasión que nos condimente todo el proceso desde su inicio hasta el resultado final.

La belleza con la que quieras conseguir tus objetivos, la determinas tu Entrenador.

Hay un famoso dicho chino acerca de ir en busca de los bordes exteriores de la belleza:

” Ve a la orilla del lago y mira la niebla levantarse “

¿ A qué esperas ? Ve y construye tu visión, la del equipo, la del baloncesto que quieres sentir en tu corazón y en el de los jugadores; un corazón que late al ritmo del bote del balón.

La Pretemporada: primeras señas de identidad

La mayoria de los equipos han empezado y si no lo han hecho, estan a punto de empezar, una nueva temporada, vestida con sus mejores galas, en forma de objetivos, retos y compromisos tanto individuales como colectivos.

Los entrenadores tenemos un montón de ideas para nuestros equipos, que se van gestando des del primer dia en que damos por cerrada la temporada anterior, momento de pensar en posibles incorporaciones, la aportación y características de cada uno, la forma en la que queremos jugar hasta las dinámicas de grupo que programaremos y trabajaremos para fortalecer lazos y la unión entre los componentes del equipo.

Tenemos anotaciones, recordatorios, frases, esquemas tácticos e incluso, porqué ocultarlo, ese objeto fetiche, que nos acompaña año tras año. Incluso una lectura obligatoria y siempre la misma, para estas fechas iniciales, que nos inspire o nos cultive en algún campo del entrenamiento.

Yo no soy ajeno a este momento; especial si cabe este nuevo curso, por diferentes motivos, la mayoria de ellos relacionados con cambios en el ejercer de mi profesión, hasta dia de hoy. Pero también por la posibilidad de exteriorizar, compartir y poner en práctica, nuevos aprendizajes que he tenido la suerte de alcanzar y realizar durante el año pasado. Para mi un aliciente y una motivación, ver como se reflejan estos nuevos conceptos en mi trabajo y de que manera van a repercutir en la Visión que tengo para esta nueva temporada.

De un tiempo a ahora, guardo un recorte de periodico, que habla sobre la motivación y la pretemporada. Me gustó por la idea, el metodo que llevaba implicito esta idea y porqué seria aplicable a cualquier equipo que a partir de entonces pudiera entrenar.

El articulo, que data del 2008 y escrito por el psicologo Pep Marí, forma parte de mi ideario y programación año tras año y siempre lo incluyo como punto de metodología de trabajo.

La Motivación: una VIP en pretemporada” pone émfasis y describe un método de trabajo recomendable para cualquier equipo, sea de la disciplina que sea. En el siguiente enlace podreis disfrutar del articulo entero:

http://hemeroteca.mundodeportivo.com/preview/2008/07/15/pagina-15/586912/pdf.html

Esas premisas VIP (Variar, Implicar, Premiar) lo bueno que tienen es el hecho de poder llevarlas a cabo a equipos de cualquier edad, incluso diría, que en edades más cortas, el método debe ser de obligado e innegociable cumplimiento, para todo entrenador de categorías de formación, no solo durante la pretemporada, sinó durante el resto del año.

Es en este punto, donde empieza la árdua tarea del entrenador; no tanto en su capacidad de motivar al equipo, sinó en extrapolar esa idea a su Realidad. Ahí reside la dificultad.

Oigo a veces, que “Todo vale” en el deporte y, es cierto. Diferentes métodos de trabajo, estilos totalmente encontrados, pueden llevar a unos mismos resultados. Ese “todo vale” solo tiene sentido, si y solo si, se es en todo momento coherente, a lo largo de la temporada, con el trabajo a realizar, el método a utilizar, que es lo que se quiere obtener, como se quiere llegar a la consecución de unos determinados objetivos y sobretodo el Porqué queremos hacerlo; independientemente de los resultados que vayamos obteniendo en el camino.

Como entrenadores es importante saber Porqué hacemos las cosas de una manera y no de otra; en la medida que sepamos comunicar y transmitir nuestra idea y el Porqué de ésta, conseguiremos tener al equipo en un estado de motivación más alto y, lo que considero yo más importante, seremos capaces de que el efecto tenga una duración en el tiempo, mucho mayor, que si únicamente nos dedicamos a entrenar como si una presentación de tareas en PowerPoint se tratara.

Evitaremos de este modo, estar supeditados, a los recursos e infraestructuras disponibles, para poder hacer un buen trabajo con el equipo que dirijamos.

Nuestra realidad es una, bastante homogenea, entre los que nos dedicamos al baloncesto de formación y categorías autonómicas o nacionales no de élite, léase, una disponibilidad de jugadores limitada para completar buenas sesiones de entrenamiento, salvando contratiempos, en forma de lesiones, periodos de exámenes, etc; escasos recursos a nivel humano, como disponer de un buen y completo equipo técnico que se encargue cada uno de su area de trabajo, como puede ser la de preparador físico, fisioterapeuta, médicos, servicios de scouting, etc.

Pero la principal diferencia reside en la disponibilidad de tiempo para entrenar. Escasas hora y media de duración de una sesión, la mayor de las suertes tres días por semana y antes tener adquiridos una serie de hábitos internos dentro del propio equipo, como podría ser la puntualidad de sus integrantes, su preparación a nivel de concentración y activación para empezar,sin dilación, a entrenar con unos objetivos a alcanzar, hasta llegar a tener una buena base de respeto entre equipos del propio club, en cuanto a no sobrepasarse más allá del tiempo que tienen asignado de entrenamiento y uso de la instalación.

Muchos de vosotros, sabeis a lo que me refiero, quien no ha experimentado este tipo de situaciones. Son pequeños detalles que pueden condicionar nuestro entrenamiento, si no los tenemos en cuenta y anticipamos sus consecuencias.

El paso del tiempo, la experiencia que uno va acumulando, le tienen que servir para establecer una serie de criterios y prioridades a la hora de hacerse cargo de un equipo y aceptar su dirección y preparación a lo largo del año.

Y como estamos en pretemporada muchos de nosotros, hacernos este tipo de análisis, conocer nuestro entorno, donde estamos y de qué disponemos para llevar a cabo la preparación del equipo que dirigimos, será fundamental.

No podemos copiar el trabajo que hacen esos equipos que admiramos; a su entrenador, a quien lo tenemos como modelo de persona y técnico, con los que queremos que sean nuestro espejo por su estilo de juego, afín al nuestro.

Pero si podemos fijarnos y aprender del Porqué hacen lo que hacen, con lo que tienen y donde estan, para poder nosotros aprender e incorporar, en nuestro proceder y nuestra formación como entrenadores, este concepto del Porqué lo hacemos.

Incorporaremos valor añadido a nuestro trabajo a partir de ese momento, donde club, directivos, jugadores, entrenadores, entrenadores ayudantes, padres, etc, apreciaran y sabran valorar en su justa medida.

En el siguiente video podréis entender mejor la idea que intento transmitir. Y en modo alguno, os inspire tanto como a mi.

Es una charla de Simon Sinek (@simonsinek), autor y escritor de un libro bajo este título: “Cómo los grandes Líderes inspiran a la acción

Como dice Pep Marí en su articulo, variemos en los contenidos, impliquemos a todos los integrantes del equipo y premiemos su esfuerzo y su trabajo.

Seamos originales en las propuestas, abramos nuestra mente, para aceptar sugerencias o críticas en favor del buen quehacer del equipo.

Pero sobretodo, dediquemos tiempo y esfuerzo en conocer uno a uno, todos los jugadores del equipo, ayudantes y colaboradores.

Conocer a las personas es el único camino para quererlas y inspirarlas en la mejora continua.

Buena suerte y buena temporada!